Amigos enganchados:

dimarts, 20 de desembre de 2011

A la propuesta de rememoración de Cuentacuentos (I): "Erwan".

"Diciembre del 2006"




Colocaba la trastienda cuando comenzaron a sonar las sirenas y alguien hizo sonar los cascabeles que cuelgan detrás de la puerta. Al salir no vi a nadie dentro, pero los cascabeles aún sonaban. Miré por el cristal de la puerta para ver qué pasaba fuera. Los gendarmes ocupaban toda la calle mirando a través de los cristales de las tiendas vecinas.

Un ruido sonó en la trastienda y corrí a ver qué era. Al correr las cortinas, el viejo se agachó en un rincón de la sala agarrando algo que parecía un libro grande y viejo. Temblaba. Su rostro expresaba miedo. Al enfocarle con el flexo pude ver la sangre de su cuello.

-¿Qué le ha pasado buen hombre?

-Por favor…no le diga a nadie donde me encuentro.- dijo con más miedo en su rostro.

Era un hombre de avanzada edad, delgaducho, con el pelo largo, blanquecino y descuidado. Sus ropas eran viejas y extrañas, y ese libro…

-¿Puede explicarme qué es lo que ocurre? Hay muchos policías fuera buscándole.- y además…-Es un mal lugar para esconderse aquí, como puede ver, no hay ningún tipo de salida trasera, ni ventana ni rendija por donde salir. Si los gendarmes entraran aquí dentro…

-Si les entretiene no llegarán a encontrarme jamás. –estiró el cuello levantando su nariz. –A medianoche en punto todo se acaba, y queda muy poco.

-Pero… por favor… puede decirme, al menos, ¿por qué huye de la policía?

-Huyo de ellos porque el mundo me tiene miedo.- contesto…- No quieren comprender lo que somos pero nos conocen, y nos tienen mucho miedo.

-¡Explíquese o les llamo ahora mismo!- grité.

-Bien, bien… escuche…-se acomodó un poco y prosiguió.- Supongo que usted habrá escuchado la historia del Señor de los cuentos, ¿no?

-Si, pero es una historia para niños pequeños que…

-No me interrumpa, por favor. Que no queda mucho tiempo. Pues bien… el Señor de los cuentos existió de verdad hace ahora más de 500 años. Aquí, en París, era la persona más conocida y deseada por todo el mundo. No era un rey, ni un príncipe, ni un duque… era un simple aldeano que tenía una inteligencia más allá de lo normal. Las historias que contaba no eran simples cuentos para niños pequeños, si no que eran profecías que ocurrían al cierto tiempo. Las iba escribiendo en un gran libro y las narraba frente a su público en una pequeña y antigua tienda de libros de este mismo barrio. Para ser más exactos, en su misma tienda, señorita.

-¿Cómo? –dije sorprendida. –me está diciendo que aquí…

-Por favor… deje que continúe… un antepasado suyo abrió esta tienda, ¿no es cierto? Y ustedes la han ido conservando sin destrozar mucho en su interior. Está igual de bella…

Yo lo miraba atónita sin saber en qué pensar. Me intentaba explicar que este hombre ya había estado en esta tienda cuando la inauguró mi ¿ta-ta-ta…..rabuelo? Algo absurdo, seguramente se trata de un viejo vagabundo que aún va bastante borracho.

-Pues bien…-continúo el viejo.- El Señor de los cuentos regalaba cada sábado noche unas horas de paz y armonía dentro de este local. La gente venía a verle a él en lugar de estar deambulando por las oscuras calles de la ciudad. Cuando él contaba alguna historia los demás restaban callados dejándose impregnar por la melodía que soltaba su boca mientras relataba alguna historia. Una de esas noches, pasó por allí un soldado y vio lo que ocurría. Al llegar al castillo corrió a explicárselo al rey de Francia comentándole que debía ser algún tipo de revolucionario creando algún complot contra el trono. Ese rey ordenó su encarcelamiento y pronta ejecución. Ordenó también quemar todos los libros que habían sido escritos por él. Pero tu antepasado tenía el más valioso de los libros: el Cuentacuentos. Y lo escondió tras el marco de una de las estanterías de esta tienda, de donde lo acabo de sacar ahora mismo.

-Y entonces… ¿por qué te persiguen ahora después de tanto tiempo?- creo que mi tono era entre burlesco e incrédulo, pero es que el pobre estaba muy metido en el papel.

-Una vez condenado, su castigo fue ser quemado frente a todos sus oyentes en la plaza que hay al final de esta calle. ¿Recuerdas la marca oscura que hay en su centro?

-Si, pero esa marca es parte de una leyenda que explican a los niños que no quieren dormir.

-¡Exacto!- gritó. –Esa marca es de la hoguera en la que fue quemado. Los asistentes lo miraban con miedo cuando gritaba diciendo que él quedaría calcinado, pero que sus cuentos llegarían a todos los hogares por siempre. Los hombres que le condenaron juraron que nunca nadie hablaría más de ello. Incluso consiguió que se deseo llegara hasta vuestros días. Todos los gendarmes conocen esta historia y la petición de su antiguo rey, y tienen imágenes nuestras en sus archivos para intentar cogernos y hacernos callar para siempre, pero aún nunca lo han conseguido. Así que, una vez por año, uno de nosotros vuelve a vuestro mundo para intentar recuperar el libro del Cuentacuentos para él.

Un escalofrío recorría mi espalda. Ya no sabía que pensar ni que hacer. Quizá entretenerle hasta que llegaran los gendarmes y lo cogieran. Me estaba entrando miedo de escucharle.

-Esta vez- continúo- me ha tocado a mí y sabía donde podría haberlo escondido. Es necesario que devuelva este libro al Señor de los cuentos para que continúe explicando sus historias en los sueños de todos vosotros. Siempre que dormís está él allí para contaros una historia; pero es viejo y las va olvidando. Por eso necesita este libro.

Ya no sabía qué decir, ni qué hacer, ni qué pensar. Debía estar alucinando para poder creer todo lo que ese viejo me explicaba pero en ese momento estaba…perpleja.
Los cascabeles sonaron de nuevo, y esta vez, era seguro que eran ellos. Miré al viejo a ver su reacción y el me devolvió el gesto poniéndose el dedo en la boca para pedirme silencio.

-¿Hay alguien ahí?- gritó una voz enfadada.- Salga de ahí dentro por favor, queremos hacerle unas preguntas.

Salí con miedo, abriendo lo justo la cortina para que no pudieran descubrir al viejo loco.

-Estamos buscando a un viejo como el del dibujo.

Me mostraron un viejo papel con un personaje dibujado a carboncillo. ¡Era él! El viejo… ¿Erwan? Qué nombre más curioso…

-Lo siento señor gendarme, pero no le he visto. Llevo toda la noche colocando la trastienda, tranquilamente, hasta que he escuchado sus sirenas. ¿Es grave el asunto? ¿De qué se trata?

-Mire señora…-dijo más enfadado. –un vecino suyo nos ha comentado que el viejo ha entrado hace unos cinco minutos en su librería y que aún no ha salido. ¿Sería tan amable de dejarnos mirar en su trastienda?

-No veo ningún problema, gendarme, pero es que está bastante desorde….

Una pequeña explosión sonó en la antesala y el gendarme me apartó del medio mirándome con ojos desafiantes. Al entrar en ella solo quedaba un resto de humo y nada más que mis cajas de libros. Todos nos quedamos perplejos a lo que había pasado.
Miré al rincón donde dejé al viejo loco y no estaba pero… en su lugar había un papel en blanco, una pluma y un tintero… Sonreí, cerré los ojos y abrí la boca para que los demás escucharan mis risas.

“Que tengas felices sueños, Erwan”.



1 comentari:

atenea ha dit...

Pues para ser el primero te quedó genial, ¿eh? Me gusta el tema, cómo mantienes la intriga de por qué lo buscan, el final... todo :)

Ya que pedí links, antes o después pasaré a leer el resto de lo que has subido :)

Besos!!